viernes, 3 de julio de 2015

LA JAULA DE ORO.

                                                              VIS A VIS

                                                


Cruz del Sur ha abierto sus puertas y lo hace en la tradición de las mejores, ahorrando el peso de la ficción a favor de algo que muchos parecen haber olvidado a la hora de reconstruir un culebrón, esto es, la sintonía con el público. No pasó un lunes ni un jueves sin llegar a la cima en Twitter, ciertamente en Twitter se habla de todo... a las claras, está repleto de cotorras. Pero ya es patrimonio nacional, apenas cambia el medio, las maneras y en base a eso ¿qué podría resultar más apropiado que un thriller carcelario?. Uno de calidad, puestos a pedir. Y no es menos lo que Vis a vis nos ha ofrecido en su primera tanda semanal, ya que lo cabría percibirse como otra excusa por la que dar coba a nuestras ganas de enorgullecernos (o despellejar en el peor de los casos) de nuestra televisión, resurge como la rara especie que confirma el fin de una larga espera, a pasos de gigante y sin contemplaciones.


Redundar sería algo así como tratar de localizar las fuentes principales de sus aciertos, en un país de historial corto dentro de su género y a fuerza de querer demostrar lo contrario por parte de muchos. Vis a vis se perfila más exactamente en competencia directa con el lujo administrado por el amigo americano y suena tal como estaba destinada a ser desde el inicio de su gestación. Nos hace cómplices y nos acerca a estos personajes con una actitud empática fuera de toda duda, prescindiendo de cualquier tópico conceptual que pudiese entorpecer la relación entre ellos mismos y la establecida con el espectador, esa masa insaciable ávida de emociones fuertes. Cada capítulo ha supuesto una promesa concreta en las cuales la confianza era plena desde la excelente secuencia de apertura a los créditos de cierre, y siempre la hemos visto cumplida. Una serie en rendimiento constante que conjuga la expectación y el suspense como compañeros predilectos, ligados a un sentido del humor que nos encierra gradualmente, valga la ironía, en esa amplia variedad de reclusas y funcionarios que no se privan de su propia naturalidad. Tal cual dicta su guión, conformando un catálogo impensable e irremplazable de personas de las que necesitas volver a saber con urgencia.


Y si de algo puede sentirse orgullosa es su casting, retando al escéptico, congratulándose constantemente de una plantilla que ha echado el resto, con resultados visibles y generalmente reverenciados. En tanto que cada uno cumple su función con sobrado talento, y en consonancia con lo asignado al pie de la letra, resulta complicado (por no decir delictivo) resaltar a ninguno por encima de los demás. Y al margen de una Maggie Civantos que aplica en su primer protagónico una vulnerabilidad encomiable, se deben destacar a dos sujetos en la cúspide de sus respectivos rasgos definitorios. Son Ramiro Blas, mayormente beneficiado por el carácter vejatorio de sus intervenciones, y Najwa Nimri, en lo que en una milagrosa resolución de las circunstancias ha dado como resultado una de las femme fatales más memorables en la historia de la ficción española. Acepta a Zulema como una extensión de aquello que siempre se le ha visto negado en su carrera, un espacio en el que desarrolla un determinado cúmulo de malas intenciones, adueñándose del favoritismo popular de forma irremediable, trazando un recuerdo auténtico e inamovible sobre su texto y perpetrando a golpe de fusta un sitio cómodo en la memoria colectiva. En pocas palabras, un regalazo.


A pesar de puntuales arbitrariedades que no degenera en la intensidad de lo que cuenta, habitualmente centradas en la trama de Leopoldo y compañía, estamos ante un acontecimiento cuya contradictoria propensión al escándalo terminan de redondear una de las experiencias más sensatas y satisfactorias en lo que va de año. Cuando la ansiedad de uno la genera ella y no la quinta temporada de Juego de tronos, es que hay algo que funciona. Cruz del Sur ha habierto sus puertas, mientras no encuentren las llaves todo irá bien.